domingo, 28 de febrero de 2010

Un cuento de hadas

Anoche pensé en ti. Todas las noches pienso en ti, incluso todos los días, pero anoche pensé en ti más de lo normal.
Pensé en ti y en que deseabas verme. Te apetecía verme casi tanto como me apetece a mí y eso me hacía sentir genial.
Te miraba. Estabas tumbado en tu cama. Hubiera dado mi vida por estar a tu lado.
Era mi mente la que imaginaba todo esto, por lo que me pude colar en tu cama sin que te dieras cuenta. Te abracé de lado, como tanto me gusta, pero tu piel estaba congelada. No te movías. Empecé a ponerme nerviosa. Intenté darte la vuelta para ver tu rostro pero era imposible, algo no me dejaba ver tu cara. Te tomé el pulso y no tenías. No sabía qué hacer. Seguí abrazada a tu cuerpo frío con fuerza, lloraba mientras tenía tu cuerpo muerto entre mis brazos. Lloraba y lloraba sin poder parar. ¿Qué pasaba? Eso no me gustaba, no me gustaba nada. Entonces algo de calor comenzó a brotar en tu interior, pero se fue. Se volvió a ir. No podía entender qué pasaba. Volví a buscar tu rostro bajo las sábanas, te tapé con todas las mantas para que te entrara algo de calor. Ésta vez sí que encontré tu rostro. Tenías los ojos cerrados y no respirabas.
No pude evitarlo. Aún seguías siendo el niño de mis ojos, así que no pude evitar rozar mis labios con los tuyos. No pude evitarlo, lo siento.
Tus labios estaban secos, pero tus besos siempre me encantaron y ese también. Fue algo corto, fugaz, pero volvió a brotar algo de calor dentro de ti. Ésta vez se extendió por todo tu cuerpo. Moviste una de las manos, la apoyaste sobre mi rostro y me acariciaste. “Tonta” susurraste con una voz suave, “a tu imaginación también le gusta gastar bromas. Pensé que te gustaría vivir en un cuento de hadas…”. Sonreí, no lo pude evitar. “Te equivocas. Lo que me gusta vivir es lo que no cuentan esos cuentos…”. No pudiste escapar de un baño a besos.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Chico Distante


Siempre estás ahí, distante. Estás callado, como siempre, al margen, en silencio, mirando al suelo y limitándote a escuchar. Siempre estás ahí, haciéndome sonreir. Cuesta que hables, pero tu voz merece la pena y si sonries, me derrito.
Te miro, te miro poco, con cautela. Te miro con cualquier escusa y te veo distante. Te veo refugiándote en un segundo plano, con miedo a entrar en éste mundo. Me encantaría ayudarte a que te soltaras, hacer que rieras, que todos oyeran tu carcajada, hacer que hablaras al mundo sin miedo. Me encantaría que fueras más feliz, y que fuera gracias a mi pero... entonces no serías tú. Si me lo pides, te ayudaré. Estoy aquí, solo tienes que acercarte o... si tienes miedo, me acerco yo.
Estás ahí, distante pero... cuando te acercas, nada más importa. Nada me hace sonreir como tu sonrisa, nada me tranquiliza como tu voz., bueno... no es cierto. No es del todo cierto. Un "te quiero" de tus labios me ayudaría más que cualquier otra cosa... ¿ Sabes qué? Te quiero... no imaginas cuánto, chico distante.

martes, 23 de febrero de 2010

Lucha, no te rindas

Hace quince años una pequeña dijo las tres palabras que serían la desgracia de su familia “quiero ser actriz”. Esa noche hubo lagrimas, gritos y discusiones, papá y mamá mandaron a la niña a su cuarto y se encerraron en el salón.
- ¡Tu hija nos va a arruinar la vida!
- ¡Por favor que es tu hija!
- Una hija mía triunfaría en la vida no sería una pobre de barrio.
- ¡No puedo creer lo que estoy oyendo!
La niña escondida en las escaleras escuchó la discusión de sus padres y asustada volvió a su cuarto, llorando porque creía que había hecho algo muy malo, la pobre niña se sentía culpable.
Papá ya no la trataba igual, mamá pasaba los días triste y la niña no entendía nada ¿todo eso por un sueño? La niña decidió no decir nunca más aquellas tres horribles palabras y fingir que ya había olvidado su sueño.
- Papá.
- Dime.
- ¿A una triunfadora le gusta la música clásica?
- ¿Por qué dices eso niña?
- Una hija tuya tiene que ser una triunfadora...
La niña quería aprender a tocar el violín para ser así la triunfadora que su padre quería. Lo que su padre no sabía era que ese iba a ser el principio de la lucha por un sueño por cumplir. La niña no faltó a ninguna clase, música, violín, orquesta y decidió ir al conservatorio.
- Mamá.
- Dime cariño.
- ¿Podría ir al conservatorio? Quiero aprender música de verdad...
- Si es lo que quieres haremos todo lo posible hija.
Así la niña se preparó para las pruebas, ese colegio iba a cambiar completamente su vida y no iba a dejar escapar la oportunidad.
En el colegio le aceptaron pero tuvo que cambiar de instrumento.
Tienes tu plaza asegurada pero, no con el violín, pensamos que trompeta o trompa son mejores para ti.
- Mamá ¿qué es una trompa? Quiero tocar la trompeta.
La madre se asustó, no sabía si la niña asmática podría tocar la trompeta, la torturó aunque no a posta, de médico en médico hasta que la niña dijo basta.
- Quiero tocar la trompeta mamá, dejame intentarlo.
- Pero hija... te vas a ahogar...
- Voy a tocar la trompeta, sea como sea
La niña empezó en un colegio nuevo, nueva gente, nuevos motes, nuevos insultos y nostalgia por sus antiguos compañeros. La niña lloraba cada noche a escondidas, no quería parecer débil, estudiaba siempre que tenia tiempo para sacar las mejores notas.
No mucho tiempo después la niña quiso cambiar de aires, no soportaba más su vida, la música le encantaba, pero quería ser actriz, no trompetista, su padre no apoyaba nada y la niña se cansó

Empezó el instituto y su vida mejoró, música sin presión, amigos y una vida completamente diferente.
La niña consiguió que su madre le apoyara, la niña quería ser actriz aunque su padre no la dejara. Empezó a cantar, la felicidad que le producía subirse un escenario no podía equipararse con nada, pero un problema en las cuerdas vocales le hizo dejar de cantar.
Siguiendo las palabras de su abuelo la niña creció.
- Se fuerte, lucha, no dejes que nada te frene.
La niña se basaba en esas palabras para superar los nódulos, el asma y todos los demas problemas porque no iba a dejar que nada le impidiese cumplir su sueño.
Quince años después la niña sigue luchando por su sueño. Espera impaciente la mayoría de edad, y la llamada que hará que todo cambie.
Escuela de artistas, quince años después no pienso rendirme!